Opinión

¿De qué sirvió tanto poder?: Francisco Rodríguez

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FRANCISCO RODRÍGUEZ

 

Sin que los resultados de las elecciones del reciente domingo fuesen aún oficiales, en la “mañanera” del lunes el Presidente López Obrador presumió que los morenistas ganaron 12 de los 15 estados y en la Cámara de Diputados lograron una mayoría, “Morena tiene 65 y en alianza 118, logrando un 61%. Es más de lo que teníamos…”

Pero en nombre de un régimen concentrador de poderes, los morenistas debilitan todo poder. Abjuran del concepto de justicia social, de bienestar y del derecho a la supervivencia que merece todo hombre o mujer por el solo hecho de serlo. Y todavía amenazan: si no seguimos por ese camino, pagaremos las consecuencias todos los gobernados.

El desempleo acumulado, causado por las insuficiencias de los incapaces, la injusticia en el campo y la ausencia de pueblo en la toma de decisiones vitales, aún establecido un concepto derrochador de populismo, acrecienta cada día un despotismo que no se atreve a decir su nombre.

Son desconocedores de la justicia social

Propician el anarquismo, la involución productiva y consumista, sacrifican el ahorro colectivo, agudizan los problemas de las atestadas urbes, protegen la delincuencia, ensanchan los cinturones de la miseria, apuntalan la burguesía financiera y finalmente asfixian el progreso de los habitantes.

Votan y reforman todas las leyes para perder la libertad, para aglomerar sociedades sin mañana, sin impulsos reivindicadores, instalan en la cúpula política y empresarial camarillas de privilegiados, afincados sobre la canonjía y la subasta, coraza de proa de unos cuantos, pasto del desprecio popular.

Desconocen la justicia social, esa parte del Derecho político que usa el poder para modificar ecuaciones del sistema económico injusto con el fin de alcanzar resultados de valores éticos, ésos que las fuerzas ciegas del mercado, por sí solas, no podrán lograr jamás.

No entienden más allá de los límites de la ley

Su objetivo no es repartir, ni ampliar las protecciones sociales de manera solidaria para enfrentar las perniciosas heridas de las crisis morales, económicas, políticas, sanitarias y sociales que están arrasando con colectivos enteros. No pueden ni quieren ya detener la masacre que amenaza con no dejar piedra sobre piedra.

Es momento, después de dos años y medio de gobierno y toda la vida de agitadores, que no entienden que más allá de los límites estrechos de la ley formal, queda el arte de la política, el de la inteligencia, la intuición y la lógica elemental para llegar al arte del acuerdo, a la suma de voluntades, ya que todos estamos en este barco a punto de naufragar.

 

 

 

 

 

 

 

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