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La columna

CARLOS JARAMILLO

 

POR CARLOS JARAMILLO VELA

 

  • López Obrador enciende la efervescencia política.
  • Riña Corral – Campos: el dominio de la pasión sobre la razón.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha empezado a mover sus fichas en el juego político electoral de la sucesión presidencial. Quizá de manera indebida y prematura, pero el mandatario ha decidido que es el momento de agitar el escenario político nacional mediante declaraciones y acciones tendientes a posicionar a las y los actores políticos morenistas con posibilidades de sucederlo. Para ello, durante la semana que termina AMLO abrió el abanico de posibilidades destapando a prácticamente todos los actores importantes de MORENA, con el fin de colocarlos como aspirantes a la sucesión presidencial en el año 2024, al decir que pueden participar en el proceso sucesorio quienes así lo quieran. Además dijo que tal proceso será mediante encuesta. López Obrador -quien en realidad además de ser líder moral de MORENA, todos los días dirige desde Palacio Nacional las acciones de su partido- citó a personajes como Juan Ramón de la Fuente, Embajador de México ante la ONU; Esteban Moctezuma, Embajador de México en Estados Unidos, Tatiana Clouthier, Secretaria de Economía; y Rocío Nahle, Secretaria de Energía.

 

Pronto y sin dilaciones, luego de la “autorización presidencial” el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y el Presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Ricardo Monreal, expresaron su deseo por participar, mientras que la Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, para cuidar las formas dijo que está bien y que cualquiera tiene derecho a participar en la encuesta -anunciada por el presidente en su conferencia “mañanera”-. Ante la grave problemática que en materia económica y de seguridad afecta al país, este desplante político-partidista-electoral anticipado, puede percibirse como una negligencia o desdén hacia las principales tareas que en la actualidad debieran estar atendiendo el presidente y su gabinete, sin embargo, la principal preocupación del mandatario nacional en este momento no se centra tanto en la solución de los problemas que agobian al país, sino en la conservación del poder por parte de su partido

 

Muy costosa, sin duda, en términos de imagen, ha resultado la reyerta existente entre el gobernador saliente de Chihuahua, Javier Corral Jurado, y la gobernadora electa entrante, María Eugenia Campos Galván. Este episodio de la vida pública estatal quedará marcado para la posteridad como uno de los hechos más bochornosos para el Partido Acción Nacional, del cual ambos personajes han sido distinguidos militantes. Incluso, se ha venido hablando con insistencia de la posible expulsión de Javier Corral de las filas del panismo, ya que la animadversión mostrada por este hacia su sucesora ha cobrado relevancia nacional, y constituye una afrenta a la armonía y cohesión que debe existir entre los militantes y correligionarios de un mismo instituto político.

 

Dada la recalcitrante enemistad que el mandatario chihuahuense parece continuar sosteniendo contra la ex alcaldesa de la capital, el proceso de entrega-recepción del poder público estatal se ha visto obstaculizado, registrándose algunos incidentes y desavenencias entre los equipos de trabajo de los gobiernos entrante y saliente, involucrados en las tareas respectivas. Aunque a pesar del triunfo electoral de Campos, quizá para muchos era previsible la continuidad de la aversión de Corral hacia la gobernadora electa, el sentido común aconsejaría un cambio de actitud por parte del mandatario saliente. Quienes hacían tales vaticinios, seguramente llegaban a ellos al analizar las características personales del gobernador, quien se ha distinguido por la obsesión con la que suele adoptar sus convicciones y posturas, sin embargo, en este caso lo razonable es dejar atrás las diferencias personales y políticas para abrir paso a una transición tersa.

 

Los hechos parecen demostrar que al gobernador Corral le importó más la pasión que la razón, y hoy, a dos meses de entregar las riendas del Poder Ejecutivo del Estado, a su sucesora, María Eugenia Campos, el mandatario saliente continúa empeñado en obstaculizar la carrera pública de su correligionaria.

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